lunes, 16 de diciembre de 2013

El poder del fracaso

Los creadores mexicanos de 'startups' cuentan en público sus errores como terapia para alcanzar el éxito JUAN DIEGO QUESADA México.
Aunque hablar de fracaso en el mundo de los negocios se considera de mal gusto, la comunidad emprendedora mexicana está intentando acabar con ese tabú. Los jóvenes creadores de startups, empresas tecnológicas con presupuesto modesto pero con expectativas ambiciosas, se reúnen una vez al mes en la Ciudad de México para contar en público sus penas. El masoquismo no es lo que los mueve a someterse a esta especie de terapia grupal, más bien la convicción de que para alcanzar el éxito es necesario tropezar varias veces por el camino. "El primer fracasado de la noche es Alberto Padilla", anunció Leticia Gasca, una de las creadoras de Fuck Up Night (sobra la traducción), en una noche fría de noviembre. Padilla agarró el micrófono y habló de los tres momentos de su vida en los que mereció tal apelativo. Conoció el significado del término desde muy temprano. En la universidad abrió una revista con unos amigos y uno de ellos prometió que el primer número lo iba a subvencionar su padre. "Lo que aprendí es que fuimos de boca pero no teníamos nada sólido. Era humo", contó entre las risas del público. No escarmentado con lo ocurrido, se embarcó en una consultoría de franquicias y se puso como un loco a redactar manuales. Llegó a ganar varios miles de dólares al día. Entusiasmado, abrió una sucursal en Monterrey, al norte, y comenzó a expandir el mercado de la empresa para la que trabajaba. Con el tiempo, el dueño le fue bajando las comisiones y los proyectos. "Fue doloroso, perdí dos años de mi vida. Aprendí a asociarme con la gente correcta". El peor de los fracasos, de todos modos, todavía estaba por llegar. Creó una web de gestión de comunidades de vecinos. Se llamaba Habitat. Era tan "fregona", recordó, que resultaba difícil de usar. Desarrolló el software y diseñó una bonita página pero no invirtió nada en publicidad. Ya no estábamos en los noventa, que cuando abrías una web las visitas llegaban como caídas del cielo. El joven empresario perdió alrededor de un millón de pesos . Con menos que eso hay quien se pasa toda la vida con el cobrador del frac en la puerta de casa. ¿Acabó Padilla vagando por las cantinas del centro, con la bragueta bajada y oliendo a tequila? No, es obvio, no estaría contando en voz alta su caso a modo de ejemplo. Es el cofundador de Aventones, un exitoso proyecto que conecta a conductores con espacio en sus vehículos y gente que necesita desplazarse. Un blog estadounidense reconocido en el sector, The Next Web, le otorgó el premio a mejor aplicación en Internet del país. Gasca, la joven de 27 años que anuncia a los fracasados, recuerda cómo se les ocurrió la idea de crear estos eventos cada vez más numerosos: "Estábamos cinco amigos echando el trago, hablando de la vida emprendedora y nos dimos cuenta de que todos habíamos tronado negocios, pero nunca nos habíamos contado esas historias… así que lo hicimos durante tres horas al calor del mezcal [la bebida de moda en el DF]". Lo que podría sido el típico proyecto etílico que se esfuma al salir el sol, acabó en algo serio. México trata de impulsar la iniciativa joven; entre 18 y 24 años, el 6% tiene su propio negocio A las dos semanas se celebró la primera Fuck Up Night en un patio con 40 personas y un número más alto de cervezas. "La palabra fracaso no existe en el entorno empresarial. Ni si quiera se atreven a decirla. Si te das cuenta la mayoría dice error o tropezón", explica Gasca, por lo que lo suyo también es una batalla semántica. Cada vez acude más gente a escuchar las historias de los emprendedores, demostrando en cierta forma que resulta más divertido y reconfortante escuchar a alguien hablar de sus males que de sus logros. En México se crean 35.000 empresas mensualmente. El 6% de los jóvenes entre 18 y 24 años tienen su propio negocio, según la Secretaría de Economía (SE). El Gobierno de Peña Nieto creó el Instituto del Emprendedor. Enrique Jacob, su director, está intentando dar soporte mediante la inyección de fondos a aquellos proyectos que tengan visos de triunfar. Basta con darse una vuelta por los barrios más acomodados de la Ciudad de México o conocer el empuje de muchachos de Puebla, Monterrey, Hermosillo, Tijuana, por citar algunos lugares, para caer en la cuenta de que la mecha emprendedora del país se ha encendido. El cliché de que el mexicano es poco aventurero en el mundo de los negocios tiene menos fundamento que nunca. Para Gustavo Álvarez, promotor en México de Startup Weekend, un evento que dura 72 horas en las cuales los participantes tienen que montar un negocio que pudiera salir al mercado, este tipo de reuniones alberga a más entusiastas que deprimidos. "Elimina el estigma del fracaso personal. Es la mejor forma de sincerarse con uno mismo. Yo participé y conté mis errores. Fue un gran ejercicio para conocerme como emprendedor", reflexiona Álvarez. Melina Maqueda, habitual en este tipo de eventos y experta en el emprendimiento enfocado en mujeres, añade que sirve para reírse de las desgracias. "Es como cuando tienes un novio y truenas. Al principio te parece un drama pero con el tiempo le encuentras el lado divertido y te sirve de experiencia", le entra con ironía al debate. Aunque los datos económicos con los que cierra 2014 el país son peores de lo que se preveía, con el crecimiento rebajado hasta en tres ocasiones, de 3,5% a 1,3%, hay quien sigue siendo muy entusiasta. Cesar Salazar, socio de 500 Mexico City, una compañía que invierte en otras, andaba hablando con unos y con otros en el guateque posterior a la presentación de Pequeño cerdo capitalista, un exitoso libro escrito por Sofía Macías sobre ahorro que lanza ahora su segunda versión, como no podía ser de otra manera, enfocada en las inversiones. "En México hay hambre de éxito", decía Salazar entre pizza y cerveza. En el último año su firma ha metido dinero en 35 empresas mexicanas relacionadas con la tecnología. El modelo de Fuck Up Nights ha comenzado a replicarse. El primero fuera del DF se celebró en San Sebastián, en España. Otras 15 ciudades mexicanas han tenido ya su propio evento. Leticia Gasca planea el siguiente año investigar y publicar las causas más comunes por las que los emprendedores fracasan. La primera, sin duda, es que el emprendedor se atreva a romper la barrera mental que le impide hablar de lo malo. Llegado a ese punto, podrá ponerse en manos de Gasca. Ella, sin piedad, lo anunciará: "Que pase el fracasado…".

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