Doctor Miguel León-Portilla. Foto INAH - Héctor Montaño
- A 100 años de su natalicio, instituciones culturales recuerdan al historiador que devolvió legitimidad pública a las voces indígenas y colocó a Mesoamérica en el mapa mayor de la historia universal
- De Visión de los vencidos a la defensa de las lenguas vivas, la obra de León-Portilla unió rigor filológico, divulgación y compromiso: una vida dedicada a escuchar, traducir y compartir “la palabra antigua”
Una llama que arde en el firmamento durante noches enteras, el templo que se incendia sin causa aparente, el rayo que cae en silencio, el agua que hierve y ruge, una mujer que llora en la oscuridad y pregunta por el destino de sus hijos, son algunas de las apariciones que forman parte de la serie de presagios que anuncian el final del poderío mexica y abren el universo de Visión de los vencidos, obra cumbre de Miguel León-Portilla (1926-2019), escritor prolífico e investigador excepcional a quien instituciones culturales de México rinden homenaje a cien años de su nacimiento.
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de los institutos nacionales de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y Antropología e Historia (INAH), Radio Educación y la Fonoteca Nacional, recuerda, con una programación diversa, al historiador, humanista y divulgador cultural.
El programa –que incluye conferencias, talleres, charlas y ciclos académicos– celebra la diversidad lingüística y la vitalidad de las culturas originarias, en sintonía con la obra de León-Portilla, quien dedicó su vida a escuchar, traducir y acercar esas voces a la vida pública, y transformó la manera en que México se comprende a sí mismo.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “el legado de Miguel León-Portilla se vincula con una tarea pública del presente: reconocer la diversidad lingüística como patrimonio vivo y como derecho cultural. Desde el Estado, fortalecemos condiciones para su continuidad mediante presencia en la educación y en los espacios culturales, trabajo institucional sostenido y políticas territoriales con participación de los pueblos y comunidades que la sostienen”.
Una vida dedicada al pensamiento náhuatl
León-Portilla nació en la Ciudad de México el 22 de febrero de 1926, en la calle del Cedro, esquina con Sor Juana Inés de la Cruz, en la colonia Santa María la Ribera. Dedicó su vida al estudio del pensamiento y la cultura náhuatl, de las culturas prehispánicas, de sus lenguas y de sus códices. Su trabajo ayudó a esclarecer el pensamiento indígena del pasado y del presente, así como exaltó a Mesoamérica como una región con grandes civilizaciones.
Cursó la primaria y la secundaria en el Colegio México; entre 1943 y 1944, se mudó a Guadalajara para estudiar la preparatoria. Más tarde estudió Filosofía en la Universidad de Loyola, en Los Ángeles, y en 1951 obtuvo el grado de Master of Arts.
De regreso a México, con 27 años, León-Portilla buscó a su tío Manuel Gamio –con quien se había carteado desde su etapa universitaria– y se incorporó al Instituto Indigenista Interamericano, en el que trabajó con materiales de América Indígena y el Boletín Indigenista. Al mismo tiempo, el descubrimiento de los textos de Ángel María Garibay (en la revista Ábside y en obras como Poesía indígena de la altiplanicie y Épica náhuatl) lo llevó a pedirle que guiara su formación y su doctorado.
En audios que resguarda la Fonoteca Nacional, León-Portilla recuerda aquel encuentro: “¿Y sabe náhuatl?”; al responder que no, recibió la sentencia que se volvió método de trabajo: “Si usted no sabe náhuatl, váyase a su casita. No pierdo el tiempo ni con tontos ni con flojos”. El rigor lo condujo a sostener, contra la incredulidad de algunos jurados, que era posible estudiar el pensamiento indígena “en sus fuentes”, y a defender una tesis que terminaría por convertirse en obra de referencia.
En agosto de 1956, al presentar su tesis doctoral La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, algunos profesores dijeron que León-Portilla: “Estaba probablemente trastornado, sosteniendo el dislate de que los indios habían tenido una filosofía”, según él mismo narró. El libro se publicó después por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tuvo sucesivas ediciones revisadas y ampliadas; además, se tradujo a varias lenguas, entre ellas ruso, inglés, francés y alemán.
Durante el Congreso Internacional de Americanistas inaugurado en Barcelona, en 1964, Miguel León-Portilla conoció a la historiadora y lingüista Ascensión Hernández Triviño. Un año después, el 3 de mayo de 1965, se casaron. Con “Chonita”, el vínculo fue amor y complicidad intelectual: “sabe náhuatl”, recordaba León-Portilla, y subrayaba que juntos publicaron trabajos fundamentales.
Visión de los vencidos, el giro de la conciencia histórica
Su incansable curiosidad lo llevó a abrir un nuevo espacio para la mirada indígena en el relato de la Conquista. Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista (1959) se convirtió en un libro de enorme circulación, cambió la manera en que se enseñan y se discuten momentos fundacionales de la historia de lo que hoy es México, al insistir en el rigor de las fuentes indígenas en su lengua original como condición indispensable para comprender el pasado y enfrentar el trauma histórico como punto de partida para una reflexión crítica y plural sobre la identidad mexicana.
Hasta entonces, la historia de la invasión se conocía casi en exclusivo por crónicas escritas por españoles. Visión de los vencidos colocó del otro lado a los pueblos indígenas de Tenochtitlan, Tlatelolco, Texcoco, Chalco y Tlaxcala, y permitió leer presagios, relatos de batalla, elegías y visiones del mundo que dejaron por escrito.
“Cada lengua es como una atalaya que permite apreciar el universo entero con enfoques distintos que nos acercan a él de múltiples formas… Cuando muere una lengua, la humanidad se empobrece”, se escucha decir a León-Portilla en audios que tiene la Fonoteca Nacional. Su insistencia en devolver la palabra a quienes habían sido callados buscaba tocar algo más grande que la academia: devolver a la historia el pulso de los silenciados y transformar la conciencia histórica de generaciones.
Lo que dicen sus colegas
Lo más importante en su obra, considera el investigador y profesor de lengua náhuatl Patrick Johansson, es la “revalorización del mundo indígena… toda esta parte de México que estaba un poco entumecida, le da una vida nueva. Lo vuelve a enaltecer dando a su cultura este valor que tiene”.
El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma perfila a León-Portilla como un intelectual de talla excepcional: un maestro que siempre estuvo en favor del indígena, alguien que “vino a reivindicar el mundo indígena”. “Él planteó el término ‘Encuentro de dos mundos’, en lugar de ‘descubrimiento de América’. Él dijo: no es un descubrimiento, es un término muy eurocentrista; vamos a llamarlo ‘Encuentro de dos mundos’, de dos culturas”.
Javier Garciadiego lo pinta como un hombre sin vanidad, profundamente generoso y laborioso. Subraya que, pese a sus logros, escribió “ajeno al engreimiento y la presunción”; que fue “hombre generoso, reconoce el valor de las obras de los colegas y recuerda los nombres y contribuciones de sus muchos colaboradores y alumnos”. “León-Portilla fue un hombre notablemente laborioso, un trabajador incansable… también fue un hombre amigable, de impecable trato social y de muchos intereses intelectuales. Me atrevo a decir… que León-Portilla es el historiador más leído de toda la historia de México”.
El puente roto reconstruido
En sus libros hay títulos preponderantes como Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares (1961), o Tiempo y realidad en el pensamiento maya (1968), en el que amplió su reflexión filosófica hacia otras civilizaciones mesoamericanas, y Quince poetas del mundo náhuatl (1967), que reveló la riqueza estética y la profundidad conceptual de la tradición nahua; junto con otras obras –que conforman más de doce volúmenes– redefinieron el estudio del México prehispánico en la segunda mitad del siglo XX, restituyeron dignidad intelectual a las culturas originarias y las colocaron en un diálogo universal de pensamiento y creación literaria.
En marzo de 1971, cuando ingresó a El Colegio Nacional, Guillermo Haro le dijo: “Esta noche recibimos con júbilo a un distinguido representante de esa corriente que persigue, con espíritu de modernidad, la señal del pasado y reconstruye un puente roto durante siglos, para ligar y dar mayor coherencia histórica a la capacidad creadora de nuestro pueblo”.
En el centenario de Miguel León-Portilla conviene recordar a un autor capaz de producir una obra portentosa, riquísima y siempre amena, y a la vez ser un excepcional maestro universitario.
Su trabajo se desplegó en libros, artículos, ediciones y traducciones, y en clases y conferencias. En sus últimos años, cuando ya le era difícil desplazarse, el video le ayudó a seguir con la enseñanza, por lo que en diversas plataformas dejó testimonios grabados sobre su vida y pensamiento.
Fue cronista de la Ciudad de México, cargo al que llegó tras suceder a Salvador Novo. Fue miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM durante cerca de once años. Integró la Academia Mexicana de la Lengua y la Academia Mexicana de la Historia, así como El Colegio Nacional.
Recibió distinciones en el extranjero, además de alrededor de treinta doctorados honoris causa. Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía (1976) y el nombramiento como “leyenda viviente” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
El camino al Mictlán
En su texto del libro Egohistorias, coordinado por Jean Meyer, remata: “Ojalá que, como también lo pensaron los sabios del mundo náhuatl, pueda decir yo: ‘no acabarán mis flores, no acabarán mis cantos; los hago llegar a la casa del ave de plumas rojas y azules’, allá donde está el que, sin ser él mismo historia, es quien la hace posible y, a la postre, le da un sentido”. Miguel León-Portilla entró al Mictlán el 1 de octubre de 2019. Sus restos fueron homenajeados en el Palacio de Bellas Artes.
Escucharlo es posible para todo el público, tanto en las plataformas que el tlamatini dejó, como en la Fonoteca Nacional, que resguarda materiales sonoros en los que Miguel León-Portilla aparece como voz, conferencista y entrevistado, además de producciones de divulgación realizadas por instituciones culturales y universitarias. Hay programas radiofónicos, lecturas de mitos y leyendas mesoamericanas, y entrevistas y conferencias sobre lengua, poesía y fuentes indígenas.
La celebración a la vida y obra del nahuatlato se entreteje con la conmemoración del Día Internacional de la Lengua Materna, con diversas actividades:
INAH. Museo del Templo Mayor
Ciclo de conferencias: “Tenochtitlan, origen y vocación de una ciudad”
Organizado por el Museo del Templo Mayor como parte de las acciones conmemorativas por el centenario del natalicio de Miguel León-Portilla (1926–2019). Entrada gratuita, sábados, 10 h. Auditorio “Eduardo Matos Moctezuma” (Seminario 8, colonia Centro Histórico, Ciudad de México).
INBAL
Homenaje: 100 años del natalicio de Miguel León-Portilla
Domingo 22 de febrero, 12 h. Conmemoración con actividades dedicadas a celebrar la vida, la obra y el legado de una figura central en la comprensión del México indígena y del mundo náhuatl. Palacio de Bellas Artes, Sala Manuel M. Ponce. Organiza la Coordinación Nacional de Literatura (CNL).
Radio Educación
Cápsula conmemorativa
Domingo 22 de febrero. Emisión de una cápsula dedicada a los aportes y estudios de Miguel León-Portilla.
Más información en mexicoescultura.com.mx y las redes sociales de las instituciones participantes.
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