martes, 18 de agosto de 2026

Migrantes adultas mayores retornan a México con múltiples desafíos, entre ellos de salud

  • 43.9 % presenta al menos dos enfermedades crónicas, destacó Sebastián Antonio Jiménez Solís
  • Erika Martínez López mencionó que también vuelven con diversas necesidades derivadas del envejecimiento
  • La migración no es una experiencia homogénea, resaltó Daniela Castro Alquicira

En 2021 cerca de un millón de personas de 65 años o más en México declaró haber migrado en algún momento de su vida a Estados Unidos por motivos laborales; de ellas, más de 259 mil 900 eran mujeres, quienes enfrentaban brechas de desigualdad económica y de salud.

Así lo expuso el técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, Sebastián Antonio Jiménez Solís, al participar en la décima sesión del Seminario Permanente “Migración, género y trabajo”, donde recordó que 43.9 % presentaba multimorbilidad, al menos dos enfermedades crónicas, frente a 40.3 % de ese mismo grupo de edad, que no migraron.

Esto muestra que este conjunto llega a la vejez en condiciones de salud “no muy buenas”, indicó Jiménez Solís. Por ello, es necesario analizar sus trayectorias, es decir, en qué sectores se insertaron a trabajar, si contaron o no con seguridad social y atención médica, entre otros factores.

Las estadísticas provienen del Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México 2021 (ENASEM), el cual también refiere que 29.9 % de las adultas mayores migrantes presentaba dependencia funcional; es decir, falta de autonomía y requerían asistencia o apoyo; frente a 26.8 % de las no migrantes; 19.4 % de los hombres migrantes y 15.1 % de los no migrantes de ese mismo rango de edad. Las cifras se complementaron con entrevistas.

En su presentación “Migración y envejecimiento: brechas de género en la salud y las condiciones económicas”, el experto del IIEc y maestro en Población y Desarrollo añadió que estas cifras demandan estudiar en qué condiciones retornan las adultas mayores a México y conocer sus requerimientos de salud.

El 45.9 % son viudas y 77.2 % prefiere vivir en zonas urbanas para mantener cercanía con las y los hijos, al igual que con sus nietas y nietos, además de ayudar a los cuidados, abundó.

Jiménez Solís manifestó que entre los factores que incrementan la probabilidad de que hayan migrado están: tener bajo nivel de escolaridad, residir en localidad rural y vivir en hogares compartidos con otras generaciones.

Los impactos

La integrante del IIEc, maestra en Administración y especialista en Políticas de Cuidado, Erika Martínez López, planteó que la migración femenina sucede por problemas de pobreza, desempleo y con el objetivo de ayudar económicamente a la familia y ya no sólo por acompañar a alguien.

Enfatizó que el análisis de la población de mujeres migrantes con edad superior a 65 años revela que cuando deciden retornar a su nación de origen lo hacen con problemas de salud y otras necesidades derivadas del envejecimiento.

Muchas, expuso, llegaron al país destino jóvenes, en edad reproductiva, con ánimo de crecer, ayudar a su familia y buscaron dos o tres empleos para poder subsistir, enviar recursos y cubrir más prioridades, lo que impacta en su calidad de vida.

Al regresar tienen pocos recursos, presentan multimorbilidad, están solas, no llegan a tener un negocio propio. En ese sentido, cuestionó si hay programas sociales y políticas públicas que respalden su retorno y no las hagan sentirse nuevamente migrantes.

La sesión fue moderada por la también Integrante del IIEc y Doctora en Economía, Daniela Castro Alquicira, quien añadió que la migración no es una experiencia homogénea: importa la duración, el destino, tipo de empleo que tienen, el momento en que vuelven a su país y las razones por las que lo llevan a cabo. En el caso de las mayores puede ser por enfermedad, la necesidad de cuidados, entre otros aspectos.

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