Desde pequeño, Juan Diego García se caracterizó por ser un niño inquieto, activo y competitivo; su maestro de educación física en el kínder, quien también era entrenador de taekwondo, fue quien identificó en él una chispa especial y lo invitó a practicar este arte marcial: “Desde un inicio fue algo que me llenó y que sí me gustó”.
“Elegí el para taekwondo por azares del destino, fui una persona muy hiperactiva desde pequeño; todas las actividades que me podía el maestro en las clases de educación física, siempre me entregaba y era muy competitivo”, recuerda sobre sus primeros pasos en el para taekwondo.
Así comenzó su historia en este deporte. Lo que al principio fue una invitación se convirtió rápidamente en una pasión; con los años, se transformó en una disciplina que le ha exigido entrega, constancia y compromiso.
Para Juan Diego, uno de los mayores retos de ser deportista de alto rendimiento no solamente está en la exigencia física y deportiva, sino también en todo aquello que se debe dejar de lado para alcanzar los objetivos: “Lo más difícil de ser deportista de alto rendimiento es estar lejos de la familia y de los amigos, no poder convivir ni hacer cosas que hacen todos en etapas como la prepa; es un gran compromiso y exigencia que se debe hacer para poder representar a México”.
El calendario competitivo mantiene a Juan Diego con la mirada puesta en nuevos objetivos. Entre sus próximos compromisos se encuentra el tercer Grand Prix, que se llevará a cabo en París durante la primera semana de octubre; posteriormente, enfrentará el Campeonato Mundial, programado para noviembre, y cerrará el año con otro Grand Prix entre finales de noviembre e inicios de diciembre.
Cada competencia representa una nueva oportunidad para seguir creciendo, sumar experiencia y demostrar el trabajo realizado durante meses de preparación.
Más allá de la competencia, el medallista paralímpico considera que el taekwondo tiene mucho que ofrecer a las nuevas generaciones, por lo que invita a niñas, niños y jóvenes a acercarse a esta disciplina, no solamente por sus beneficios físicos, sino por los valores que transmite: “No solo es un deporte, es un arte marcial que te enseña muchos valores”, afirma el sinaloense.
Para él, practicar taekwondo desde una edad temprana le permitió desarrollar habilidades motrices, disciplina y respeto, herramientas que pueden acompañar a una persona incluso si en el futuro decide practicar otra disciplina deportiva.
Su propia historia es muestra de ello: una invitación a entrenar a los cinco años se convirtió, sin saberlo, en el inicio de su trayectoria deportiva y despertó una pasión que permanece hasta hoy, lo que lo ha llevado a ir consolidando sus metas y objetivos para representar con orgullo a México.
Su historia es reflejo de cómo una oportunidad puede convertirse en el inicio de un gran camino. Aquella invitación para practicar taekwondo a los cinco años despertó una pasión que lo ha acompañado cada etapa de su vida y que ha crecido con él con disciplina, esfuerzo y constancia, llevándolo a cumplir muchas metas y con orgullo el compromiso de representar a México.
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