
En el Apertura 2013 fuiste parte de aquel León que le arrebató al América el sueño del bicampeonato. ¿Qué recuerdos te trae ese partido, especialmente ahora que ambos equipos se enfrentarán este fin de semana por FOX?
“Muchos, principalmente ese partido. Sin embargo, nos enfrentamos muchísimas veces más en instancias de eliminación directa. Me tocó perder y también ganar.
Para mí, el América siempre ha sido un rival especial, sobre todo cuando jugué con León. De alguna manera, se convirtió en un clásico porque constantemente peleábamos las liguillas y los primeros lugares. Había partidos que eran prácticamente de seis puntos, porque disputábamos el liderato y los puestos que nos permitían cerrar los cuartos de final y otras series en casa.
Después, en la liguilla nos enfrentábamos muy seguido, tanto al América como a Tigres. Siempre estábamos peleando con esos equipos. Me tocó ganar y perder contra ambos.
Sin duda, ganarle al América un campeonato en el Estadio Azteca fue uno de los momentos más importantes de mi carrera. León acababa de ascender y, aunque desde su regreso a Primera División ya desplegaba un fútbol muy importante con Matosas, sorprendió que pudiera vencer al América en su estadio. Teníamos mucho talento y muy buenos jugadores, especialmente mexicanos, que conformaban una base importante del equipo. Es uno de los recuerdos que más atesoro de mi carrera.
Me hubiera encantado jugar más minutos en aquel León, pero llegué como refuerzo y el equipo funcionaba tan bien que nunca pude tener la participación que me habría gustado.
Más allá de eso, jugué los minutos que Matosas consideró que debía disputar. Siempre lo he dicho: me tocó ser titular y también estar en la banca. Cuando tienes detrás a alguien que te pisa los talones, que nunca deja de luchar y quiere tu puesto, te obliga a ser mejor jugador.
Creo que, en ese momento, uno de los jugadores a los que impulsé, por así decirlo, fue Jonny Magallón, quien tuvo grandes torneos durante aquellos campeonatos. Cuando tienes a alguien detrás que te exige al máximo, sabes que no puedes desconcentrarte ni dejar de luchar, porque puede quitarte el puesto. Jonny lo hizo, al igual que varios compañeros, porque había muy buenos jugadores en la banca.
A veces jugaba Elías, otras veces Britos. Incluso Montes tenía que descansar en ocasiones y otro compañero ocupaba su lugar. Lo mismo sucedía con el Gullit, Franco Arizala, Loboa y Piris. Había muchísimos jugadores de calidad, pero solamente podían jugar once. Creo que esa competencia interna fue una de las razones por las que aquel León era tan fuerte”.
Aquel León no era un equipo integrado exclusivamente por jugadores de gran renombre. ¿Cuál fue la clave para construir ese equipo y qué tendría que hacer el León actual para intentar recuperar aquel protagonismo?
“En aquella época, con Matosas, los grandes líderes eran Rafa Márquez y el propio entrenador. Boselli también llegó y se acopló muy rápido. En ese momento nos incorporamos Elías, Franco Arizala, Boselli y yo para apuntalar un equipo que ya venía haciendo muy bien las cosas.
Para mí, la clave era que todos jugábamos para el equipo. Nadie quería ser la figura por encima de los demás ni ponía sus intereses u objetivos personales antes que los del grupo. De eso se encargaban Matosas y Rafa. Al primero que se sentía figura le ponían un alto, y todos entendimos el mensaje. Hubo muy pocos momentos en los que alguien quisiera ser más importante que el equipo.
Todo eso venía de atrás, con Rafa, Nacho y después Jonny, quien también tenía una trayectoria importante y mucha experiencia. Veías que no se relajaban y que querían ganar todos los partidos. Esa mentalidad se transmitía a los jóvenes, como el Gallo, el Gullit, el Chapito, Loboa y Piris, quienes tenían menos experiencia, especialmente en Primera División.
Además, contábamos con delanteros muy buenos, como Britos y Boselli. Teníamos una gran tercia en ataque.
La clave, insisto, es que cuando un jugador coloca sus objetivos individuales por debajo de los del grupo, el equipo funciona mejor. Creo que el León actual tiene algo de eso, aunque el estilo de Gandolfi es muy diferente al de Matosas y al de Nacho Ambriz.
Considero que van por buen camino en ese aspecto. No veo a alguien que quiera ser la figura por encima de sus compañeros, y eso es importante. Sin embargo, creo que necesitan dos o tres refuerzos de calidad en posiciones específicas, jugadores que marquen una diferencia y que también entiendan que el equipo está por encima de ellos.
Al León le hacen falta un par de jugadores, quizá tres, para acercarse al nivel que alcanzó con Matosas o con Nacho. No es sencillo, porque hay que encontrar futbolistas con características muy específicas que no se consiguen fácilmente.
Con el estilo de Gandolfi, León puede ser un equipo incómodo, competir y llegar a una semifinal. No sé si le alcance para llegar a una final, y considero que sería difícil que consiguiera un campeonato en este momento. Sin embargo, con la buena base que tiene y un par de refuerzos, el próximo torneo o el siguiente año podría empezar a aspirar a cosas más importantes”.
Este fin de semana se enfrentarán dos entrenadores con estilos definidos. Fuiste dirigido por Almada y, si no recuerdo mal, también jugaste contra Gandolfi. ¿Cómo ves sus propuestas y cómo imaginas que se desarrollará el partido?
“Será un partido de mucha intensidad. Quizá sea una de esas ocasiones en las que hay más intensidad fuera de la cancha que dentro de ella, por la relación entre ambos entrenadores.
El estilo de Almada está completamente definido: presión alta, juego hacia adelante, verticalidad y agresividad ofensiva. Por eso, León tendrá que ser inteligente y evitar regalar balones, especialmente en su propio campo.
Si decide salir jugando, deberá hacerlo con inteligencia y encontrar la manera de superar la presión que normalmente ejerce el equipo de Almada. Una de las ventajas de León es contar con un delantero como Cambindo, que aguanta muy bien la pelota y tiene mucha potencia. Creo que el equipo debe aprovecharlo para jugar de manera directa, sin recurrir necesariamente al pelotazo, y superar la primera o segunda línea de presión del rival.
A partir de ahí puede empezar a construir sus ataques. También creo que León debe presionar al América, porque es algo que suele complicarles a los equipos de Almada. Como acostumbran pasar mucho tiempo en campo rival, no siempre están tan habituados a salir jugando cuando los presionan constantemente.
La idea sería intentar hacer algo similar a lo que pretende el América: presionar arriba, provocar una pérdida en campo rival y generar ataques a partir de ella.
Seguramente será un partido intenso, con mucho roce y bastante disputa en el mediocampo. La clave estará en quién cometa el primer error y quién consiga aprovecharlo. Puedes provocar que el rival se equivoque, pero también debes estar atento para capitalizar esas equivocaciones.
Creo que el encuentro se definirá por la presión, la intensidad y la capacidad de recuperar el balón en determinadas zonas. No imagino un partido de mucha posesión o de construcción prolongada, sino uno muy vertical, con presión alta y mucha lucha en el mediocampo”.
Fuiste campeón tres veces con León. ¿Crees que el equipo de Gandolfi tienen madera de campeón?
“Hay algunos jugadores que lo están haciendo muy bien y creo que Gandolfi ha realizado un gran trabajo con lo que tiene. Levantó a un equipo que se veía desanimado, con poca intensidad y pocas ganas. Hoy le ha devuelto algo que siempre ha caracterizado a la Fiera: la intensidad, no dar ninguna pelota por perdida y luchar hasta el final, sin importar si va ganando o perdiendo.
Para mí, esa es una de las bases para construir algo importante, como ocurrió en su momento con Matosas o con Ambriz.
Sin embargo, siendo completamente objetivo, aunque quiero que gane León, no creo que todavía tenga lo suficiente para ser campeón”.
Hace un momento mencionabas que Rafa Márquez era uno de los líderes de aquel León. Ahora forma parte de la Selección Mexicana y hay quienes hablan de la posibilidad de reemplazarlo o incluso de cortar el proceso antes de que termine. ¿Cómo lo ves como entrenador y qué opinión te dejaron los partidos de preparación?
“Sería un gran error cortar el proceso. Por eso digo que tener un micrófono en la mano implica una gran responsabilidad: hay que entender qué está pasando.
Los equipos que juegan como pretende hacerlo la Selección Mexicana de Rafa Márquez necesitan trabajo y paciencia. Sin embargo, ese estilo puede dar resultados. Lo que busca Rafa es desarrollar una propuesta similar a la de equipos que han sido campeones de Europa, de la Premier League, de Francia y de España, así como de varios clubes que compiten en Italia. Incluso podría mencionar al Brujas de Bélgica. Y si hablamos de selecciones, España, campeona del mundo, también ha mostrado una propuesta de ese tipo.
Por eso, cortar el proceso de alguien como Rafa Márquez, con su trayectoria, preparación, seriedad, capacidad y calidad, solamente porque el equipo no se vio como algunos esperaban, sería un error enorme. Muchas personas creen que un entrenador tiene una varita mágica, pero el fútbol requiere trabajo. Si no le damos un proceso largo a Rafa, ¿a quién se lo vamos a dar?
Por fin tenemos a un técnico mexicano con las credenciales para encabezar un proceso de cuatro años y se lo vamos a cortar desde el principio. Si eso llegara a suceder, demostraría que existe muy poco análisis futbolístico en México, desde los medios y los directivos hasta los aficionados y quienes opinan sobre el tema.
Además, Rafa es una figura que impone respeto. Durante mucho tiempo hemos pedido que se le valore como merece dentro de la Selección Mexicana. También creo que hoy se percibe una mayor hambre en algunos jugadores, algo que ya se veía desde que Javier Aguirre tomó el equipo y Rafa se incorporó a su cuerpo técnico.
Desde aquella Copa Oro, considero que se notaba la mano de Rafa. No veía únicamente el sello tradicional de Aguirre; también había una influencia importante de Márquez y, por momentos, el equipo jugaba bastante bien.
Creo que ambos lograron una buena sinergia: entendieron qué podía aportar cada uno. Rafa podía ayudar a plantear los partidos y desarrollar determinados aspectos del juego, mientras que Aguirre buscaba transmitir esa personalidad que suele resumir en la idea de ser más aguerridos y tener más carácter como mexicanos.
Por eso, futbolísticamente, el equipo no se veía exactamente como una selección dirigida únicamente por Aguirre, pues la influencia de Rafa era evidente. También hay que considerar a Guardado y al resto del cuerpo técnico, que seguramente fue elegido con mucho cuidado por Márquez para trabajar de acuerdo con su idea.
Insisto: si le cortamos el proceso a Rafa Márquez, sería una decepción muy grande para mí como mexicano. Si no respetamos su proyecto, ¿a quién se lo vamos a respetar? Terminaríamos repitiendo lo mismo de siempre.
Por lo menos, intentemos algo diferente: respetemos un proceso de cuatro años y veamos qué sucede. Es posible que el resultado termine siendo el mismo, pero al menos habremos probado otra alternativa con un entrenador mexicano. A los técnicos nacionales normalmente les cortan las alas muy rápido, mientras que a muchos extranjeros les dan mucho más margen y oportunidades.
Si Rafa tiene hoy esa oportunidad, como mexicanos debemos apoyarlo. Ojalá le vaya bien y su trabajo sirva para demostrar que en México existe calidad para dirigir tanto en el fútbol nacional como en el extranjero, incluida la Selección Mexicana”.
Para terminar, ¿qué daño le hacen al fútbol mexicano la ausencia del ascenso y descenso y la falta de un límite más estricto de extranjeros? ¿Qué consecuencias tienen estas condiciones para el desarrollo de los futbolistas nacionales?
“Muchísimo. Se interrumpen muchos procesos de formación y la brecha entre las categorías Sub-20 —o cualquier otra categoría juvenil— y la Primera División es enorme.
Nos hacen falta el ascenso y el descenso, así como esa combinación de juventud y experiencia que existía en las divisiones de ascenso. Antes, un futbolista podía foguearse durante seis meses o un año a los 17 años y llegar mucho mejor preparado a los 18.
La realidad es que muchos entrenadores de categorías inferiores están mal pagados y buscan resultados para llamar la atención y seguir creciendo profesionalmente. En lugar de formar jugadores, se concentran en ganar partidos. Así, algunos futbolistas no aprenden los conceptos necesarios y, cuando llegan a Primera División, nadie tiene la paciencia para enseñarles lo que les falta.
¿Y cómo se intenta compensar esa situación? Incorporando más extranjeros que sí vivieron procesos de formación diferentes en sus países y llegan con más experiencia y conocimientos, porque tuvieron oportunidades para desarrollarlos. En esos lugares existe una competencia entre ascenso y descenso que combina juventud y experiencia.
En cambio, la Liga de Expansión tiene muchos jóvenes con ganas de competir y luchar, pero no siempre cuentan con la preparación táctica y los conceptos futbolísticos necesarios. Después llegan a Primera División y se enfrentan a mexicanos que ya están consolidados, además de diez, once o doce extranjeros. Para un joven, abrirse paso en esas condiciones es muy complicado.
No hay que ser demasiado inteligente para entender que esa es una de las peores combinaciones para desarrollar el talento mexicano.
Entiendo que esto probablemente responde a cuestiones económicas, porque el fútbol también es un negocio para los dueños de los equipos. Sin embargo, creo que ya no existe un equilibrio entre el desarrollo de los jóvenes y el negocio. Actualmente, la balanza está demasiado inclinada hacia lo económico, por la cantidad de extranjeros y todo lo que representa tener un equipo en Primera División.
Hasta que no disminuya el número de extranjeros y los clubes trabajen más en sus fuerzas básicas, como lo está haciendo Chivas, difícilmente crecerá el fútbol mexicano.
Este es también un punto importante cuando hablamos de Rafa Márquez. Considero que la materia prima que tiene actualmente no es tan abundante como hace diez, quince o veinte años. Recuerdo haber visto el Mundial de Francia 1998 cuando era niño y la realidad es que los once titulares de México eran grandes jugadores. Además, había futbolistas de mucha calidad en la banca y otros tantos que se quedaron fuera de la convocatoria.
Hoy no veo la misma cantidad de talento disponible. Siempre he defendido la calidad del futbolista mexicano y creo que existe mucha, pero ya no se le forma ni se le ayuda lo suficiente cuando es joven. Muchos se quedan en el camino.
La situación del ascenso y descenso, sumada a la cantidad de extranjeros, ha llegado a tal punto que, en ocasiones, un joven puede ganar más jugando en el fútbol amateur que en la Liga de Expansión. Hay personas que apoyan a estos futbolistas y les pagan por jugar, mientras que algunos clubes no les ofrecen las mismas oportunidades dentro de sus fuerzas básicas.
Los jóvenes terminan eligiendo esas opciones porque saben que el camino hacia Primera División ya es muy estrecho y, con tantos extranjeros, se vuelve todavía más complicado.
Por eso considero que el sistema está mal por muchos lados y que es necesario recuperar el equilibrio para que el talento mexicano tenga oportunidades reales de desarrollarse y llegar a Primera División”.
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