Mostrando entradas con la etiqueta Sí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sí. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de julio de 2014

“Robé, sí, pero poquito”

La confesión de un alcalde mexicano y otros escándalos reflejan los pocos logros anticorrupción JAN MARTÍNEZ AHRENS México.
A Hilario Ramírez Villanueva, dueño de una empaquetadora de mangos, le gusta pasearse por el pueblo de San Blas, en la costa del Pacífico, con sombrero vaquero y la camisa desabrochada hasta el ombligo. Así iba la tarde del 8 de junio en que, ante unos 50 vecinos, más bien aburridos por el acto electoral de su exalcalde, soltó la frase que ha entrado en la historia pequeña de México. Subido a un escenario y micrófono en mano, disparó: “Me han criticado porque me gusta mucho el dinero. ¿Y a quién no le gusta? [Y también dicen] que le robé a la presidencia. Pues sí le robé, sí le robé, sí le robé, pero poquito, porque estaba bien pobre; fue nomás una rasuradita”. Le robé pero poquito. La frase, captada en un vídeo y colgada en Youtube, recorrió como una descarga eléctrica el espinazo del país norteamericano desatando primero la risa, luego el escándalo y ahora, más de un mes después, el desencanto: el candidato independiente Ramírez se ha proclamado alcalde con el 40% de los votos. “Como verá, no me fue tan mal. Y es que ellos saben que eso de robar no es cierto, que yo soy un hombre del pueblo, que yo me dedico al bien, que ayudo a los pobres, que hay pocos como yo”, se ufana Ramírez en conversación con este periódico. A diferencia de cuando ganó en 2008, que acudió a la toma de posesión a lomos de un purasangre valorado en 250.000 dólares, esta vez el empaquetador de mangos celebró su victoria repartiendo billetes de 20, 50 y 100 pesos a quien se le acercó. Lo conociese o no. Una imagen que, para muchos mexicanos, representa el triunfo de la degradación política. Uno de cada siete ciudadanos del país asegura haber sufrido esta lacra “Es un personaje terrible que habla de nosotros y de la permisividad que hay con determinadas conductas. Hemos avanzado legalmente, pero nos falta acabar con la impunidad. Sin castigo no hay rendición de cuentas. Y aquí, de momento, quien persigue realmente es la justicia estadounidense, parece que tengamos un outsourcing [subcontrata] judicial con ellos”, afirma Juan Pardinas, director general del Instituto Mexicano de Competitividad. Su opinión expresa un sentimiento muy extendido y que se ancla en una experiencia que se vive con especial amargura en el ámbito público, donde uno de cada siete mexicanos confiesa haber sufrido esta lacra. El resultado es una fuerte pérdida de confianza en la autoridad, como demuestra, según el Instituto Nacional de Estadística, que la población ponga en la cúspide de la corrupción a la policía (90%), los políticos (84,4%) y el ministerio público (78,4%). Las promesas para acabar con este deterioro han sido casi tantas como los silencios que las han seguido. La última y más sonora llegó en noviembre de 2012 con el anuncio de crear una Comisión Nacional Anticorrupción destinada a eliminar las purulencias del aparato administrativo. Casi dos años después, la iniciativa sigue congelada en el Congreso y sin que figure en la agenda de los partidos, absorbidos en la reforma de la energía y las telecomunicaciones. Donde sí se ha registrado algún avance es en el combate cuerpo a cuerpo. Con los nuevos aires que soplan en México, personajes que antiguamente eran intocables han empezado a caer. La primera en ser fulminada esta legislatura fue Elba Esther Gordillo, líder del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. La Maestra, como se la conocía, fue encarcelada en 2013 bajo la acusación de malversar 200 millones de dólares. La detención de esta compradora compulsiva capaz de llevarse de una tacada 10 pares de zapatos de Jimmy Choo o diamantes por valor de 350.000 dólares en Tiffany, se entendió como una señal del presidente Enrique Peña Nieto. Tras ella ha venido una cascada de altos cargos. Los hay de todos los colores. “No hay un partido anticorrupción, todos están afectados. Incluso el PAN, que tenía fama de incorruptible, la ha perdido tras su paso por el poder”, señala Pardinas. En el ramillete de caídos, destacan, por el peso que les otorga el sistema federal mexicano, los gobernadores. Y entre ellos brilla como una perla negra Tomás Yarrington, que llegó a postularse en el PRI como aspirante a la presidencia de México. Este antiguo gobernador de Tamaulipas, un Estado fronterizo con Texas, se dio a la fuga después de que la justicia estadounidense ordenase su captura por fraude bancario, lavado de dinero negro, cobro de sobornos del cártel del Golfo e incluso contrabando de cocaína. Desde el limbo del prófugo, el elegante Yarrington, que se presenta como un “enamorado de su país”, ha abierto recientemente una página de Facebook en la que defiende su inocencia y se declara víctima de una persecución política. En el vecino Estado de Coahuila también gozan de la experiencia de un gobernador en fuga. Se trata de Jorge Torres, nuevamente del PRI, buscado por blanqueo de dinero, y cuyo rostro, antaño poderoso, acaba de ser colgado en las páginas de la DEA, la agencia antidroga estadounidense, junto con una variopinta gama de fugitivos malencarados. La recompensa, se indica, es negociable. Personajes que antiguamente eran intocables han empezado a caer




A otros no les ha dado tiempo a escaparse. En la levantisca Michoacán, cuna de las autodefensas, el priísta Jesús Reyna, secretario de Gobernación y que fuera mandatario interino en 2013, durante la etapa más virulenta del enfrentamiento con los narcos, ha sido encarcelado por sus nexos con el cártel de Los Caballeros Templarios, al que supuestamente combatía. Y su jefe durante años, el gobernador electo Fausto Vallejo, ha renunciado hace pocas semanas alegando “motivos de salud” justo cuando se destaparon los supuestos vínculos de su hijo con dicha organización criminal. La lista es larga y alcanza en una escalera descendente a amplios espacios de la administración. Los periódicos destapan casi a diario nuevos casos. Los ceses están a la orden del día. Pero la insatisfacción sigue ahí. “México ha avanzado mucho en temas de transparencia, se han descubierto asuntos que antes permanecían ocultos. Ahora se habla de ellos, se publican, pero falta el siguiente paso, porque la impunidad sigue ahí. Se necesita una amenaza de sanción creíble. Se destituye, se inhabilita, se imponen multas, pero rara vez se condena a prisión”, explica Eduardo Bohórquez, director en México de Transparency International, organismo que sitúa al país en el puesto 106 (de 177) del Índice de Percepción de la Corrupción, a la altura de Níger. Las soluciones pasan, según los analistas, por un fortalecimiento de los aparatos de justicia y la generación de un régimen punitivo creíble. Ese es el camino, señalan, para recuperar la deteriorada confianza en los políticos. Un estamento que, en palabras del recién elegido alcalde de San Blas, Hilario Ramírez, está representado por “chupadores que se han olvidado del pueblo”. No como él, que ya ha anunciado para su próximo cumpleaños, el 22 de febrero de 2015, una gigantesca fiesta con actuación de la muy popular Banda El Recodo, el sacrificio de 50 reses y el reparto de 50.000 cartones de cerveza. Exactamente cinco por cada habitante de su pueblo. Es su forma “honrada” de hacer política.

martes, 4 de marzo de 2014

Sí, las tropas rusas están en Crimea... desde el año 1783

© RIA Novosti / Almirante Oktiabrski, el comandante de la Flota del Mar Negro soviética a bordo del crucero Krasny Krym. Sebastopol, 1942. Pese a la histeria de varios medios occidentales que alegan que Rusia ha desplegado 16.000 efectivos militares en la península ucraniana de Crimea, la flota rusa arrienda sus bases allí desde hace décadas, en virtud de un acuerdo vigente hasta 2042. Hace días que se ha desplegado la frenética propaganda de gran parte de los medios occidentales que mienten sobre la presencia y despliegue de 16.000 efectivos rusos en el territorio Ucraniano. Quizá esto último sea la única verdad entre las montañas de mentiras que les proporcionan las autoproclamadas autoridades ucranianas. Sí, las tropas rusas están en Crimea, eso es totalmente cierto. Pero están allí nada menos que desde el año 1783, cuando la entonces emperatriz Catalina II anunció la creación de la Flota del Mar Negro en ese territorio.
Las tropas rusas no han entrado a Ucrania En lo que se refiere a una supuesta 'intervención' de tropas rusas, cuyo empleo en el territorio de Ucrania acaba de ser autorizado por la Cámara Alta del legislativo ruso, las tropas rusas ni han entrado ni posiblemente entren en territorio ucraniano, lo que acaba de reiterar el propio Putin en su reciente rueda de prensa de este martes. Sí, la Flota del Mar Negro rusa sigue teniendo su 'histórica' base naval en Sebastopol, pero desde 1997 se la arrienda a Ucrania por un importante precio anual de unos 100 millones de dólares, hecho que tratan de ocultar tanto los políticos ucranianos y occidentales como los medios informativos a su sueldo. ¿Qué hace la Flota del Mar Negro en Crimea y de qué efectivos dispone? Tras el colapso de la URSS en 1991 y el posterior caos que se instaló en la región, desde agosto de 1992 la Flota del Mar Negro se fundó como una flota conjunta de la Federación de Rusia y Ucrania, cuyos buques tuvieron que navegar varios años bajo la bandera de la Flota del Mar Negro, establecida para tal circunstancia por ambos Estados. Tan solo en 1997 los barcos de la Flota del Mar Negro de Rusia izaron su histórica bandera de San Andrés. Justo en este año se hizo oficial el arrendamiento ruso de las bases navales de la península de Crimea por un plazo de 20 años y el estacionamiento de las flotas rusa y ucraniana en bases separadas. A día de hoy un 70% de la infraestructura de la Flota del Mar Negro rusa se encuentra en la península ucraniana de Crimea. En el territorio de la Federación de Rusia esta flota solo mantiene la base de la ciudad de Novorossíisk. Según los acuerdos bilaterales ruso-ucranianos, el personal de la Flota rusa en la península está acantonado en los siguientes puntos: en su principal base naval en la ciudad de Sebastopol y en cuatro bahías cercanas, en la ciudad y puerto de Feodosia (centro de investigación) y en dos bases aéreas en las localidades de Kacha y Gvardéiskoye. En la ciudad de Nikoláyev, sus astilleros y su centro de reparación de buques también se encuentra un contingente ruso de manera temporal. El mismo acuerdo de 1997 estipula que en las aguas territoriales de Ucrania y en su territorio puede haber un grupo de hasta 388 unidades de buques rusos (incluyendo 14 submarinos diesel-eléctricos). En las bases de Kacha y Gvardéiskoye pueden estacionarse 161 aviones. Todo ello es comparable con el poder naval de Turquía en el área. Aunque el acuerdo del 1997 se cerró por un plazo de 20 años, en 2010 Rusia y Ucrania firmaron los llamados 'acuerdos de Járkov', en virtud de los cuales el contrato de arrendamiento se extiende hasta 2042, con opción de prórroga cada cinco años. El precio anual del arrendamiento es de 98 millones de dólares.