jueves, 3 de septiembre de 2026

El MUNAL reabre la Sala 3 con piezas fundamentales de su colección de pintura novohispana

  • El espacio del segundo piso reabrió, luego de trabajos de restauración y una nueva propuesta museográfica
  • Cuatro obras de Sebastián López de Arteaga y Alonso López de Herrera permiten reconocer nuevas formas de trabajar el color y la luz durante la primera mitad del siglo XVII

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo Nacional de Arte (MUNAL), reabrieron la sala 3 del recinto, ubicada en el segundo piso del antiguo Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, tras los trabajos de rehabilitación y restauración realizados en el espacio.

“Reabrir esta sala es devolver al público una parte fundamental de nuestra memoria artística. La restauración del espacio y la nueva lectura de estas obras permiten comprender cómo el color, la luz y los materiales novohispanos dieron forma a una expresión propia; conservar este patrimonio y hacerlo accesible es mantener viva nuestra historia”, señaló la Secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.

La intervención permitió recuperar las ventanas históricas, la duela y los acabados de la sala, así como conservar elementos originales, entre ellos las carpinterías y uno de los plafones decorativos del edificio.

El nuevo recorrido reúne cuatro obras de mediano y gran formato: La incredulidad de Tomás y Cristo en la cruz, de Sebastián López de Arteaga (Sevilla, España, 1610–Ciudad de México, Nueva España, 1652), así como La Asunción de la Virgen y La Resurrección de Cristo, de Alonso López de Herrera, El Divino (Valladolid, Castilla y León, España, ca. 1579–Ciudad de México, Nueva España, ca. 1654).

Realizadas durante la primera mitad del siglo XVII, las piezas permiten acercarse a un momento de transformación de la pintura en la Nueva España. Ramón Avendaño Esquivel, Curador del MUNAL, señala que ambos artistas fueron “punta de lanza” de ese cambio, visible especialmente en el uso del color y la luz, así como en transformaciones que alcanzarían a generaciones posteriores.

La recuperación del espacio buscó que las pinturas y la arquitectura pudieran apreciarse en conjunto. Durante la primera mitad de 2026 se restauraron las ventanas que dan al exterior, se rehabilitó la duela y se realizaron trabajos de mantenimiento, pintura y acabados, respetando las características históricas del proyecto original de Silvio Contri.

A esta intervención se sumó una nueva propuesta museográfica, con un lenguaje contemporáneo que permite presentar las obras sin ocultar la carpintería histórica de la sala ni competir con la arquitectura porfiriana del recinto.

El proyecto contó con el apoyo del Programa Desarrollo de Arte y Cultura BANAMEX 2025 y con el acompañamiento de la Dirección de Arquitectura y del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM).

Cuatro obras para acercarse a la pintura novohispana

En la incredulidad de Tomás (ca. 1645), una de las obras emblemáticas del acervo del MUNAL, el encuentro entre distintas tradiciones puede descubrirse en un detalle material: el manto de Cristo, elaborado con grana cochinilla, de la que se obtenía un pigmento rojo a partir de un insecto que se cultivaba en territorio novohispano. El intenso color de la pieza convive con elementos de la tradición pictórica europea.

“Es una pieza que sintetiza los lenguajes europeos, pero también la materia americana”, explica Avendaño. La obra condensa así, en una misma imagen, los intercambios que atravesaron la vida artística de la Nueva España.

La otra pintura de López de Arteaga, Cristo en la cruz (ca. 1640), propone una representación distinta del personaje crucificado. El cuerpo no aparece cubierto de sangre: apenas unas pequeñas pinceladas señalan las heridas, mientras Cristo se muestra vivo y ocupa por completo la escena. No lo acompañan la Virgen ni san Juan. Su cuerpo pálido destaca contra un fondo casi negro y concentra la mirada en la figura. Para Avendaño, esta forma de representar a Cristo marca también un cambio respecto de imágenes anteriores.

La Asunción de la Virgen y La Resurrección de Cristo (ca. 1625), de Alonso López de Herrera, permiten mirar hacia el origen de las imágenes. Ambas formaron parte del retablo principal del templo del Convento de Santo Domingo, en la Ciudad de México, y fueron realizadas por López de Herrera, un religioso lego del mismo convento, es decir, que no pertenecía al clero ordenado.

Al conocer el lugar para el que fueron creadas, el visitante puede imaginar las pinturas en relación con el conjunto del que alguna vez formaron parte y no sólo como piezas independientes dentro de un museo.

La reunión de estos dos pintores permite entender que el arte de la Nueva España se construyó mediante un intercambio constante con otras regiones. López de Herrera, procedente de Valladolid, y López de Arteaga, de Sevilla, llegaron jóvenes a este territorio y trabajaron en una época en la que la tradición pictórica europea seguía presente, mientras aparecían rasgos que más adelante definirían la pintura novohispana.

Para Ramón Avendaño Esquivel, Licenciado en Restauración de Bienes Muebles y maestro en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México, estas cuatro obras son “piezas bisagra entre lo que se estaba haciendo en el siglo XVI y lo que va a suceder en el siglo XVII”, ya con artistas nacidos en América.

La sala 3 puede visitarse de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba 8, Centro Histórico de la Ciudad de México.

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